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martes, 11 de febrero de 2014

2 temp. capítulo 10

Recibí un mensaje: "Nos vamos a la bolera. Vente. No acepto un no por respuesta".

 

La contesté aceptando. Sonreí. Me encanta la bolera, se me da muy bien. Si fuese un deporte, le pediría al profesor de educación física ir a la bolera todos los días. Estoy segura que sacaría un notable. Sería un sueño hecho realidad. Cuando acabé de ponerme mi vieja camiseta blanca con rayas azules y mis nuevos vaqueros cortos de tiro alto. Me puse a buscar como loca mi bolso marrón en el que metí unos calcetines porque iba a llevar unas sandalias también marrones. Busqué mi iPod y fui a la bolera.
thepolyvorecollection:


Untitled #398 by im-emma featuring tan flats





Llegué y me estaban esperando en la entrada.
¿Estáis preparadas para que os de una paliza? - dije en un tono de voz alto
Ellas se rieron. Entramos todas juntas y después de pagar por nuestra partida, nos dieron los zapatos de bolera. A mi siempre me han gustado, son adorables. Después de ponernos los zapatos empezamos la partida y hablamos mientras esperábamos nuestro turno.
Ana está ganando chicas. Tenemos que impedirlo. - chillaba Berta entre risas.
Va a ser imposible.- dije con satisfacción.
Me quedé vigilando las bolas que salían de la vieja maquina. Pronto le tocaría a Berta y su famosa bola rosa aun no había salido. Para acelerar la partida, la avise.
- ¿Donde coño esta mi bola?
Me reí. Berta se levantó en busca de una bola rosa.

"Maldita sea" pensó la joven de pelo rubio, "¿dónde habrá otra bola rosa?". La forma de caminar de Berta, era como si el suelo fuese una pasarela y las personas de su alrededor el publico. Tenía que impresionarles y lo hacía. Los chicos que se fijaban en ella, caían rendidos a sus pies y, después de conocerla, no pueden separarse de ella. Ese es el encanto de Berta, atrae tanto su físico como su personalidad, es una chica especial. Y en ese momento, había solamente un persona haciendo de público, un chico un poco bajo con el pelo oscuro y desmelenado, pero le hacía más interesante y misterioso. Aunque claro, Berta no lo había notado. La chica vio, por fin, una bola rosa. Fue a cogerla, notó que un chico la miraba. Él se acercó.

Mientras Lidia esperaba su turno. Estaba pendiente del teléfono porque las chicas hablaban de alguna serie que ella no había visto. Sonó una melodía y rápidamente vio que era una notificación del whatsapp. Al mirar de quien era, se quedó parada en la silla como un coche estropeado en medio de la carretera. El mensaje decía:
"Lo siento si te he hecho daño. No pretendía ser tan borde, solo contarte la verdad y dejar de fingir."
Era Gonzalo.

Así acaba el décimo capítulo de la segunda temporada del diario de Ana.

Hasta aquí el capítulo y se que es un poco corto pero quería subir capítulo hoy. ¿Sabéis por qué? ¿No? Lo suponía. ¡Hoy es el ... (he ido a comprobarlo y el 1 era el aniversario, hoy es 11, añadí un 1 de más. Agh. Da igual, mejor tarde que nunca.) aniversario retrasado de tres años con el blog y con la historia!

Así que en 3 años, he publicado 31 capítulos. Un poco lento, pero hubo un parón bastante grande, después otro, después otro y al final pasan tres años. ¿tres? Vaya, no recuerdo como era hace tres años pero cada fragmento de esta historia contiene algo de mi, y he ido creciendo, la historia también. Ahora he llegado hasta aquí. Espero haber mejorado de alguna forma en la escritura y se que me falta mucho para ser considerada buena escribiendo, creo que nunca lo conseguiré porque tengo alguna discapacidad para expresarme con claridad, lo dicen todos los profesores en mis exámenes, por algo será. En fin, que gracias a todos los que esteis leyendo esto y me hayáis apoyado a lo largo de estos años. Gracias.



sábado, 25 de mayo de 2013

2 temp. 8 capítulo

Adrian estaba sentado a mi lado en ese sofá tan cómodo. Estaba pensando en dónde podrían quedar Adrian y Sofía y se me ocurrió un lugar muy agradable.
- ¿Qué tal si después de la cena, la llevas al río?
- ¿Un paseo en barca? ¿No es demasiado romántico?
- Y ¿que crees que le gusta a una chica?
- Bueno, está bien. La puedo llevar a cenar a un restaurante italiano. ¿Le gusta la comida italiana?
- ¿Y a quién no? Pero creo que su comida favorita era... ¿cómo se llama? Errr... Así un kebab.
- Vaya, tal vez la parezca un poco cutre.
- Le va a encantar.
Sonríe picaramente. 
- Gracias, Ana.
- De nada. Ahora que está solucionado me voy a dormir.
- Buenas noches.
Me metí en mi cuarto y después de cambiarme de ropa e ir al baño, me metí en mi cama. Miguel me ha besado. No pude evitar que me saliese una sonrisita. 
- Le quiero. Le quiero. Le quiero. ¡Le quiero!
Los ojos se me empezaron a cerrar. Me dormí pensando en los recuerdos que tenía de él. 

El día pasó lento. Estuve estudiando física y biología. Recibí mensajes de Miguel, me preguntaba cosas y si quería quedar. Le dije que tenía que estudiar.



"Que aburrida es mi novia"
¿Qué? ¿Desde cuándo soy su novia? Empecé a bailar de forma alocada por mi cuarto.




Le contesté:
"Soy tu novia?"
"La verdad es que no hemos hablado de eso, una razón más para quedar."
"Está bien, voy a comprar comida al Hipercinco. A las 13:00."
"¿Sabes? Es curioso porque necesito con urgencia cinco rábanos  Hoy mismo voy a comprarlos y no se hable más"
Quedaban dos horas para verle y ya estaba pensando en que ponerme. Entonces recibí otro mensaje pero no era de la persona que yo creía. Era de Lidia.
"Tías, no os podéis creer lo que me ha pasado hoy...


- ¡Lidia, haz el favor de sacar a esta perra a la calle!
Agh. Maldita sea. Me levanté de la silla y esta crujió aliviada. La grite que si mientras me cambiaba de ropa y me peinaba el pelo. Estaba tan enredado que se me rompió el peine.
- ¿Qué podía ir peor?
- Quieres salir ya, que la perra se va a empezar a mear por la casa.
- Claro mama, como no. Sacaré a pasear a la perra cuando debería estar estudiando. Creo que puedo dedicarme a pasear perros, ese sería un buen oficio. Lidia, la paseadora de perros profesional.
Me acerqué a la perra que estaba tumbada en el sofá al lado de mi padre y la puse las correas. Empezó a quejarse y hacía sonidos desagradables, parecía que quería atacarme. Maldita, Lucky.
- No exageres, solo vas a tardar quince minutos.
- Lucky es una cagona y necesita sus cuarenta y cinco minutitos en la calle.
- Eres una quejica
- Para eso soy una adolescente 
- Que cruz, que cruz.
Me puse los cascos y salí de casa. En la calle, los primeros rayos del sol habían empezado a asomar. El viento azotaba los pelos de Lucky, mis músculos se tensaron y me dio un escalofrío.
- Además hace frío. Lucky tengo una pregunta, ¿por qué tienes que pasear tres veces al día? ¡Tres!



- ¿Sabes que eres adorable? Con eso me basta, te pasearé también por la noche. 
Estábamos llegando al parque. Lucky debió ver a un perro y como yo no estaba concentrada, se me escapó la correa.
- ¡Lucky!
La perra empezó a correr como nunca, yo empecé a correr detrás suya. 
- ¡Estúpida perra! Te quedas sin el paseo nocturno. Ya lo sabes.
Mis pulmones me decían que parara pero la perra seguía corriendo. El flato, como era normal, se apoderó de mi. Por fin la perra se paró y yo hice un último esfuerzo.
- Lucky, ¡yo te mato!
Me tire al suelo a por la correa. Para mi sorpresa, había otro perro con ella, me resultaba familiar.
- Vaya, creía que eras estúpida pero has conseguido superarte.
- Como no, el que faltaba. Un hola hubiese estado bien por tu parte, Gonzalo.
- Me desagrada tu presencia y tu perro está molestando al mío.
- Que agradable eres.
- No intentaba serlo, contigo perdería el tiempo.
- Me vas a guardar rencor para siempre.
- Creo que si.
Miré al suelo. Le hice daño y nunca me lo perdonará. En verano no soy la misma Lidia, soy más rebelde y alocada, no me importa nada ni nadie. Le hice daño. Me sentía tan mal, una gran carga se había alojado en mi pecho y no pretendía marcharse.
- Gonzalo, ¿cuantas veces tendré que pedirte perdón?
- Nunca será suficiente.
- No fue para tanto.
- ¿Que no fue para tanto? Dejarme tirado por la noche, sin teléfono, sin coche, en medio de la carretera mientras te marchabas con tu nuevo novio. Déjame que yo juzgue eso.
- Estaba borracha, Gonzalo. Tu me gustabas no él. Me hiciste creer que un amor de verano no tenía que significar algo fugaz, que podría durar. Me equivoque y te hice daño. Cada vez que te veo siento que te debo algo. Lo siento.
Nos quedamos los dos mirándonos con nuestros respectivos perros reuniéndose de nuevo después de varios meses sin verse. Una lágrima se cayó por mi mejilla, tan sola, tan fría, tan intensa. Consiguió que me derrumbase. Me sentía terriblemente mal por él y no podía arreglarlo, él iba a seguir sufriendo. 
- Espero que consigas perdonarme. Te echo de menos.
Él no contestaba, parecía que miraba al infinito. Cogí aire y lo solté:
- Podríamos intentar ser amigos.
Entonces levantó su cabeza el pelo rubio se le tapaba la mejilla. Sus ojos me miraron, esos ojos azules tan brillantes que no sabía con que compararlos. No recordaba que era tan grande, sus brazos eran musculosos y su pelo se había oscurecido. Había cambiado desde el verano, a mejor. Que fuese tan atractivo lo empeoraba todo. Me estaba mirando fijamente y sus ojos estaban enseñándome todo su odio hacia mi.Entonces fue cuando se giro y silenciosamente tiró de la correa de su perro y se alejo sin decir una sola palabra.
... Volví a casa llorando. Ha sido horrible. No puedo parar de pensar en él."




Se me calló una lagrima al escuchar su historia. Estábamos sentadas en su cama. Yo me levante corriendo y la di un fuerte abrazo, no quería soltarla. Noté su respiración en mi hombro y empezó a sollozar. Estaba temblando y su respiración se aceleraba.
- Lidia todo el mundo comete errores - decía a mi espalda Berta
Entonces la solté para que pudiésemos hablar todas con ella.
- Ya - no podía continuar, necesitaba coger aire y dejar de sollozar un rato. Sus lágrimas caían por sus mejillas a con mucha rapidez. - es que. Es que. Me. he dado cuenta. De que. De que le quiero.

Nos callamos. Lidia quiere a Gonzalo, pues que bien lo ocultaba el otro día. Lo cierto es que tenía cierto atractivo. ¿Qué podía hacer para ayudarla? Absolutamente nada, no hay nada que pueda hacerla no deprimirse.

- Podríais decir algo. Hacerme sentir menos impotente aunque sea imposible. Reconozco que le quiero cuando el me odia. Le quiero y el me odia. Además no hay nada que pueda hacerme sentir mejor por lo que hice, he visto su reacción y ha sido devastadora. Le he roto el corazón y, ¿quiero que me perdone? Lo llevo claro. No hay nada que podáis hacer para que me haga sentir mejor. Si estáis aquí es por ... Gonzalo. Le recuerdo al miraros. Esta en todas partes. 

Entonces volvió a llorar. 

Podéis ver una película. Olvidarás tu complicada vida durante dos horas y te meterás en una vida más sencilla y predecible.- dije tímidamente.
- Es una buena idea, no pensaras en él y sino pensamos en otra cosa - dijo Sofia.
- Espera, ¿tu no te quedas? - dijo Berta
- Tengo que hacer la compra. Lidia ahora no te dejo escuchar nada de Taylor Swift, se que es raro prohibírtela pero es necesario. Lo que tienes que hacer Lidia es dormirte pronto, a lo mejor lo consigues y le olvidas durante unas cuantas horas. Mañana será otro día y las cosas serán diferentes, ya lo verás.
- Gracias por ayudar Ana.- me contestó 
La di otro abrazo, esta vez más corto y la solté. 

Salí de su casa y llegué al Hipercinco. Entre y cogí una caja para coger comida. Pase los detectores y saqué la lista de la compra del bolsillo trasero del pantalón.
- No hagas esos movimientos que puedes poner cachondo a más de un cajero.
- Miguel- me reí. Así acaba el octavo capítulo de la segunda temporada de Despierta.

domingo, 28 de abril de 2013

2 temp. capítulo 6

- Tías, ¿Os gusta este vestido?- dijo Mireia dudosa.
- Mmm, no mejor vamos a buscarte algo en el Stradivarius
- Vale Berta, gracias por ayudarme
- De nada
Mientras Mireia se lo probaba, yo salí del vestuario con un vestido en el brazo. 
- Lidia, déjanos verte
- Ya voy, ya voy.
Lidia salió con un vestido blanco ceñido y con unos cortes en la cintura. Le quedaba genial, estaba guapísima.

- Te lo quedas- dijo Berta
Me reí.
- Vale, Sofia es tu turno- gritó Berta
- Es que no me convence
- Sal de ahí, ¿No querías conquistar a tu pichoncito?
- Si, pero...
Sofia salió y nos dejó embobada. Nunca la había visto tan arreglada en mi vida y estaba preciosa. No es que el vestido fuese algo increíble, es como la quedaba. Parecía hecho a su medida.


- Creo que no tengo que decir nada al respecto, ¿Verdad chicas?
- No.
Y cuando se cambiaron y pagaron, nos fuimos al Stradivarius. Empezamos a buscar, me encantaba ver a Berta, parecía un perro oliendo a su presa, acercándose poco a poco hasta encontrarla. El vestido que había escogido para mi, me encantaba era precioso de un color azul oscuro intenso. Tal vez iba a enseñar mucho, creo que Berta lo había hecho adrede. Cuando me desnude y me lo coloqué con cuidado, me gusto mucho. Me sentía sexy y sonreí como una chica tonta. Lo que no me convencía del vestido era la cremallera que estaba en el escote, la intente bajar para comprobar si funcionaba y bajó hasta el final.
- Chicas, ¿no veis un poco arriesgado esto de llevar una cremallera de fácil acceso a mi intimidad?

Se rieron de mi. 
- Me da igual, te queda tan bien que no comprártelo sería un delito.
Eso es lo que en realidad buscaba oír. Sonreí de nuevo. Solo quedaba una chica y esa era Mireia. Salió con su vestido puesto, le quedaba bien pero ya tenía un vestido negro y no le convencía comprarse otro.
- Berta creo que no me lo voy a comprar
- Lo entiendo, además creo que el que tienes te queda mejor que este.
Pagamos y salimos a la calle, estaba vacía. A estas horas la gente no va de compras. 
- Misión imposible: llegar a mi casa, vestirnos, maquillarnos y llegar en 30 minutos a la casa de Miguel.
- Es imposible - dije
- Tu casa está a quince minutos de aquí y yo necesito coger mis tacones- dijo Mireia
- Y yo los míos- añadió Lidia
- Vale, podemos ir corriendo a nuestras casas, coger lo que necesitemos y correr a tu casa- dije
A todas les pareció bien. La poca gente que había en la calle se nos quedó mirando por el hecho de que estábamos corriendo como locas. Yo no tardaría más de cinco minutos en llegar a casa y si cojo mi bicicleta llegaré a casa de Berta en 10 minutos. El problema es que nuestro pueblo, bueno no es un pueblo pero es más pequeño que una ciudad. Es como un pueblo americano en el que las casas son todo chalets y se tarda en llegar a las casas lejanas. 

Nos separamos. Cogí mis tacones, me cogí un bolso, guardé en una bolsa mi vestido y me cambié a una ropa más ligera para guardarla más tarde en la bolsa. Llegué a casa de Berta antes de lo previsto. Su casa es mi casa ideal, me encantaría poder tener la suerte de vivir en un lugar así, es enorme, lujosa y a la vez amenazante y escalofriante. Aparqué mi bicicleta y llamé a la puerta. La puerta se abrió y apareció Berta con un pintalabios en la mano y en ropa interior. 
- ¿Berta?
- ¿Qué? No hay nadie en casa
- Vale, vale...
Se giró y fue moviéndose por el pasillo lleno de fotos familiares hasta su cuarto en el segundo piso. 
- ¿Sabes? La semana que viene empiezan a hacer unas obras raras y va a haber obreros por todas partes. 
- ¿Para que son las obras?
- No estoy segura pero van a poner andamios que rodearan la casa.
- Vaya
Llegamos a su cuarto. Berta tiene talento para decorar, las paredes de su cuarto pegan con los muebles por pequeños detalles, todos ellos tienen algo morado. Además tiene unos cojines sobre su cama típicos de una revista de diseño. Lo que más me gusta es que adorna las paredes con fotografías artísticas. También acumula posters en su corcho. Yo cada vez que entro me quedo embobada mirando que bonito es su cuarto. 

Se puso su vestido que la hace destacar, como siempre, entre nosotras. La eché unos piropos por su vestido. Era de un color salmón que favorecía a su tez pálida. 



Me sentó sobre su cama y me maquilló. Me quedaba muy bien, los tonos grises con mis ojos azules. Entonces empezaron a venir las chicas poco a poco y las maquilló. Nos pusimos todas nuestros preciosos vestidos y nos ayudamos unas a otras con las cremalleras. Mireia se estaba poniendo sus tacones negros cuando la di un consejo sobre su look, al que Berta le pareció un acierto. Me sentí orgullosa. Me reí como una tonta. Solo la había dicho que en vez de ponerse sus tacones negros, usase unos azules brillantes de Berta que harían destacar su vestido. Eran las 6:08 cuando estuvimos preparadas para ir a casa de Miguel.

Fuimos andando, así que tardamos media hora. 
- Ya estamos
Lidia se sabía bien su calle, por el hecho de que era su vecino.
- Que emoción
Estaba nerviosa y emocionada. Me temblaban las piernas y mi corazón iba más deprisa de lo normal. Cruzamos su jardín  Recuerdo que allí fue donde Miguel me vio llorar por primera vez. Al llegar a la puerta de su casa, la puerta ya estaba abierta. Sofia la empujo y pasamos. Me la conocía como la palma de mi mano. La cocina a la derecha, junto al comedor. A la izquierda el baño y el salón. Arriba hay dos baños más y tres cuartos. Uno para los invitados. Arriba del todo está la azotea, a la que solo subí cuando Miguel me enseñó su casa.

Había un montón de gente. Demasiada gente, eso a ver como va ha acabar. El pasillo estaba oscuro y lleno de gente. No se si vamos a poder llegar al salón. Berta quedó quieta y se giró para decirme algo. Se acercó a mi oído y me susurró.
- Ni se te ocurra beber nada. Si tienes sed te tiras a la piscina y bebe agua con cloro, que seguro que te sienta mejor que el alcohol.
Hice una mueca y en ese momento cual pez asustado de un tiburón se alejó. Iba a seguirla pero unas manos me taparon los ojos.  La persona con esas manos en mis ojos puso su cuerpo cerca mío. Sentía calor y emoción. Sentí su aliento cerca de mi oreja, me estaba susurrando.
- Sorpresa
Miguel. Aparte sus manos de mis ojos y me giré bruscamente. Me sorprendió ver que me equivocaba, no era él, era Abel. Me decepcioné y a la vez me sorprendí. 
- ¡Abel!- sonreí
- Hola.
- ¿Qué haces aquí?
Se río
- Pues lo mismo que tú
Eso lo dudé pero bueno.
- ¿Vamos al salón? 
- Si

Allí todo estaba con mucha más luz, la gente estaba sentada o de pie. La música conseguía hacer vibrar mi cuerpo, esa sensación me agobiaba. Además hacía mucho calor y no tenía espacio entre tanta multitud. Estaba sonando música reggaeton, la odio. Creo que la música tiene que transmitir algo, tristeza, odio, felicidad, algún sentimiento a través de la voz y la melodía. Lo único que transmite el reggaeton es sexo y de una forma vulgar, horrenda y asquerosa, y para colmo no saben cantar. A la gente le gusta solo para bailar, a mi me hacen bailar las canciones que me gustan. Así que suelo pasar 2/3 de las fiestas sentada.

Abel se sentó a mi lado. Me empezó a susurrar cosas y entonces, me cogió de la mano. Abel y yo eramos amigos desde hace años pero no nos cogíamos de la mano. No entendía nada, cogerse la mano es algo más que amistoso. Me puse a pensar porque había hecho eso, levanté la cabeza y miré hacia la multitud. Solo pude ver a Miguel confundido. No me podía estar pasando esto. ¿Por qué demonios habría hecho eso Abel? 
Así acaba el sexto capítulo de la segunda temporada de Despierta.

domingo, 7 de abril de 2013

2 temp. capítulo 5

El profesor nos dijo que la clase había acabado, que nos cambiáramos. Me cambié bastante rápido y esperé a Lidia y a Mireia. Salimos del vestuario. 
- Tía, tienes que hablar con él- susurró Lidia
- Se esta colando por ti- añadió Mireia
- Que decís...¿De verdad lo creéis?- dije sonriendo.
- Pues claro, ¿estás ciega?- dijo Mireia
- Venga, cuando abra la puerta métete entre los chicos y nosotras nos quedamos apuntando el grupo.- dijo Lidia
- Vale- dije insegura.

Se oyeron los ruidos de unas llaves y la gente empezó a alborotar. Me acerqué a la muchedumbre. Miguel me vio y se acercó a mi. 
- Bueno, ¿te gusta tu grupo?
Me reí. Que adorable, como no me va a gustar si estas tu.
- Ha sido inesperado y por eso me encanta
- Te gusta lo inesperado
- Si, las sorpresas. - dije sonriendo. Un poco raro hablar de mi.
Sonrió, esa sonrisa tan irresistible. Quería besarle y besarle, era tan difícil mantenerme alejada. Me sentía identificada con esta canción, empecé a tararearla:

          

Miguel no decía nada. Yo tarareaba, es lo que suelo hacer, es algo entretenido.
- ¿Que cantas?- me preguntó. Me sorprendí, no sabía que me oiría.
- Pues, seguro que no conoces el grupo, son dos chicas.- dije
- Necesito más información sobre ellas- dijo con sarcasmo
Me reí
- Vale, se llaman Tegan y Sara
- No, no las conozco
- Un punto para Ana
- Bueno, bueno, pues dos para mi que he creado nuestro fantástico grupo de educación física. Voy ganando.
- Uff, pues va a ser difícil de superarte - me reí
Nos quedamos en silencio de nuevo, ya solo quedaba un largo pasillo hasta nuestra clase. 
- Bueno tal vez si bailas mejor que yo esta noche, me puedas empatar- me soltó. ¿Ha querido decir algo que no logro a entender? Bueno, quería verme bailar, algo es algo.
- Seguro que te empato
- ¿Tanta confianza tienes en que bailo mal?
- Tanta confianza tengo en que bailo bien
- Pues reservarme un baile y lo comprobaré - me dijo sonriendo. Casi me desmayo, me había pedido un baile, un baile, tres minutos pegado a él. Tan cerca... mil deseos se me pasaban por la cabeza. De rozar sus labios, su piel y su pelo.
Sonreí con él. Nos miramos durante unos segundos intensos, quedaba unos pasos para llegar. Quería hablar con él, más, tenía tantas cosas que contarle aunque no podía contárselas. Tenía ganas de llorar, me mordí el labio para evitarlo, le echaba tanto de menos. Tanto. 
- Claro - contesté rápidamente mientras sonreía de forma pícara. Entramos en clase, él se alejó de mi y yo de él. Ya le echaba de menos. "¿Cómo le puedes echar ya de menos Ana?" ¡Este amor es demasiado intenso! "Piensa en otra cosa Ana, anda". Es que es tan guapo. Tan guapo, con esos ojos de un color marrón caramelo y esa piel tan clara y esos hoyuelos. 

Recreo otra vez. ¡Un momento! Berta nos dijo que saliéramos para airearnos, entonces podré ver a Miguel afuera. Una enorme sonrisa se dibujo en mi cara. 
- Uhh, creo que alguien ha estado hablando con Miguel- rió Lidia
- Shhh- intentaba callarla. Pude ver como dos chicos cerca nuestro se giraban al oír el comentario. 
- Anda, marchémonos que la gente es muy curiosa- dijo Lidia. La seguimos. Nos estaba dirigiendo a la clase de Berta.
- Lidia no te acuerdas que Berta nos dijo que nos fuésemos al patio que ella estaría haciendo deberes- comenté tímidamente
- ¿Desde cuando quieres salir al patio?- dijo Mireia extrañada mientras se colocaba bien la camiseta.
- Un momento,- Lidia estaba pensando. Se paso los dedos por su pelo. En seguida lo relacionó.- con que quieres ver a tu amorcito.- dijo entre risas.
Yo puse cara de indignada y cruce los brazos.
- Estas obsesionada- soltó Mireia
No sabía si tomarlo mal o bien. Me parece la pura verdad. Ellas no saben lo que estoy sintiendo, esta gran impotencia que tengo es horrible. 
- Es cierto, así que podéis hacerme el favor de callaros la boca y salir fuera conmigo.- dije con un poco de enfado
Lidia pegó una carcajada y me agarró del brazo. Miramos a Mireia y ella dijo:
- Está bien
- Gracias
- Nada ¿Para que están las amigas?
Cruzamos la gran puerta azul oscuro. Ese color lo relacioné con el de una revista que leí el otro día, es el nuevo color de moda. "Vale Ana, creo que estás nerviosa porque relacionar una puerta con el color de moda, no es normal". Me encantan estas conversaciones que tengo conmigo misma. Soy  como dos personas, lo raro es que las dos personas soy yo, así que me contradigo constantemente. Es entretenido. Bajamos unas escaleras del patio, hacía un poco de frío, por eso no me gusta salir fuera. "Mentirosa, no te gusta por que eres una vaga" dijo mi voz interior. "Gracias" la contesté. 

En el patio hay seis bancos, tres en un lado y tres al otro.



Todos estaban ocupados. En uno estaba el grupo de mi hermano, pude ver como buscaba a Sofia y al ver que no estaba apartó la vista de nosotras. Sonreí, que mono. Entonces miré al último banco de la derecha, estaba allí. Estaba sentado, llevaba una camiseta de manga corta gris, unos vaqueros y unas zapatillas Adidas. Me miró. Me encantaría parar el tiempo y quedarme allí, de pie, mirándonos. "Que romántica eres". Sonreí. Nos estábamos alejando, ya no podía verle. Lidia expulsó aire muy fuerte y me cogió del brazo y me empujó con ella. Me estaba llevando al grupo de Miguel y ahora que hago. Que vergüenza. Cuando me soltó el brazo pude ver quienes eran. Estaba Gonzalo, Nacho, Jaime y un chico nuevo. ¿Quien era? Lo que me desconcertaba es que me sonaba su cara. Esos ojos verdes. Me estaba rompiendo la cabeza intentando averiguar quien era.
- Hola, Miguel ¿donde está tu casa?- preguntó Lidia
- Lidia que inoportuna -dijo Gonzalo

Lidia le miró con cara de indiferencia. Se notaba la tensión después de una ruptura. Salieron en verano, solo dos semanas, nada serio. Lidia nunca hablaba de él, supongo que por eso había hecho ese sonido de enfado. No quería ver a Gonzalo pero me quería ayudar. Que maja.
- Mi casa está en la calle Amapola, al lado hay un chino.
- ¿El qué está delante del Zara?
- Si - sonrió.
- Genial, gracias.- Lidia no se movió. 
Se nos tenía que ocurrir algo que decir para no irnos. Echamos un paso hacia atrás. Me estaba mirando. Todo estaba pasando muy lento, los siete nos mirábamos las caras. Fue un momento bastante gracioso, intente no reírme.
- Ehhh... ¡Oye Ana aún no te sigo en twitter! ¿Cómo es?
Pegué otra carcajada y sonreí, de cierta manera me había invitado a quedarme con él. No podía ser más mono. "¡TE QUIERO!" decía mi estúpida mente.



Cuando hablo contigo sonrío como una idiota.
Me senté al lado suyo en el banco. Me miraba fijamente.
- Pues es @Ana...Mellark
- No - me dijo a punto de reírse
- Si - dije avergonzada
Entonces se río.
- Con que te gusta Peeta Mellark
- La pregunta es ¿Cómo es que a ti no te gusta?
- Porque no soy gay
- Yo por él me haría gay
Se volvió a reír. Yo sonreí. Me encanta hacer reír a la gente y sobre todo si es de él de quien hablamos. Y solo una cosa pudo arruinar ese momento, la maldita campana. Todos nos levantamos y llegamos a clase. Solo quedaban dos horas que pasaron muy lento, pero por fin la campana volvió a sonar. Guarde mis cosas, cogí la mochila, subí la silla a la mesa (para que a las mujeres de la limpieza no les costase tanto limpiar). Llegamos las cinco chicas a la escalera delante de la puerta del colegio. 
- Tías entonces, ¿a qué hora quedamos?
- Mmm
- A las 3:00 - dijo Mireia
- Pero si son las 2:00 - dije
- Si no, no nos va a dar tiempo a comprar y maquillarnos y todo eso...-me contestó Mireia
- Ana, ¿podemos ir a tu casa? es que las nuestras están bastante lejos para ir, volver, y comer.- dijo Berta
- Bueno, yo vuelvo a casa que vivo más cerca y así solo alimentas a 3 bocas- dijo Lidia.
- Mis padres nunca vienen a comer pero es que no tengo comida, ¿os vale comer sandwiches? - pregunté agobiada
- Claro, a mi me encantan los que haces, son deliciosos - dijo Berta
Todas aceptaron y vinieron a casa. No esperamos a mi hermano porque tiene un calentamiento raro de una hora y después otro de dos horas por la tarde. No se como no se muere en ese campo de fútbol. 

Llegamos a casa. No había nada, como siempre. Ellas seguían hablando pero yo no las escuchaba. Dejamos las cosas en mi cuarto y me metí en el baño. Hice todo lo que las damas hacen en el baño y me lave las manos para "cocinar". Saqué todos los ingredientes posibles; pan de molde, jamón york, jamón serrano, queso, queso de untar philadelphia, nocilla, ensalada que sobró de alguna comida y mayonesa. También saqué cuatro vasos, una botella de agua fría, fanta de naranja y coca cola. Saqué picos que se pueden untar en el queso. 
- Nos está sirviendo un banquete y nosotras sin ayudarla- se quejó Mireia
- Bueno, ahora que vamos a comer y nos vamos a relajar, Ana me tienes que contar que ha pasado hoy con tu pichurri- dijo Berta
Yo suspiré. Me senté en una silla y me preparé mi sandwich. 
- Pues... - y las conté mi bonita historia de hoy en el banco.
- Esta colado por ti, le has hecho colarse por ti en un día, un record- dijo Berta
- No, que te inventas...- la contesté
- Yo no me río tanto como cuentas que el se ríe con tus chistes- confesó Berta
Sonreí.
- Tías, creo que se quien dices- dijo Mireia
- ¿Qué?- no entendíamos nada
- Pues que creo que se quien es. Has dicho "quien es ese que está sentado en el banco". Yo creo que es uno que vive cerca mío es moreno con ojos verdes.
- Si, es ese- contesté
- Lo sabía- rió Mireia.
- Salía en mi sueño, te siguió a casa una vez Mireia.- dije. Las estaba ocultando cosas, sabía donde vivía. ¡Tengo que ayudarla! A lo mejor no están en la misma situación.
- ¿Y que pasó después?
- Nada.
Se desilusionó. ¿Le gusta?
- Oye, ¿cómo se llama?- pregunté
- Mmm... creo que se llama Alex



- Te pega ese chico, Mireia. Es misterioso y mono.- dije
- Oh, Alex y Mireia besándose debajo de un árbol. Mua mua mua. - decía Berta pero Mireia la calló. 
Comimos nuestros sandwiches viendo Castle y nos preparamos para ir de compras. Así acaba el quinto capítulo de la segunda temporada de Despierta.

sábado, 16 de febrero de 2013

2 temp. 4 capítulo

Sofia entraba sigilosamente en mi cuarto. Yo estaba dentro de mi cama, tenía un poco de frío. Berta estaba sentada encima de mi cama. Lidia y Mireia ya estaban tumbadas en el colchón inflable. Lo cierto es que no tenía ni idea de donde iba a dormir Berta y Sofia, no cabían en el cuarto. Supongo que Berta podría dormir en un colchón que tenía sobre un baúl pegado a la pared. Era bastante cómodo  me gusta sentarme a leer allí, puedo ver las estrellas desde las ventanas que hay al lado. Pero ¿dónde dormirá Sofia? Tanto pensar me hizo no darme cuenta de lo ocurrido. Berta estaba con unos ojos de loca acercándose íntimamente a Sofia para que le contara lo que ha pasado. No entendía nada.
- Sofia ¿Que ha pasado?- decía instintivamente Berta
- Chicas, no hay espacio para Sofia en el cuarto.- dije preocupada. Pude ver la mirada de asombro de Berta, supongo que no podía creer que haya interrumpido a Sofia.
- Mireia dijo, bueno podemos dormir tres en el colchón inflable. Un poco apretujadas, pero tumbadas estaremos todas.
- A lo mejor puede dormir con Adrián - soltó Berta



- ¡Berta! - gritó Sofia
- ¿Qué pasa Sofia? No entiendo nada.
- A ver, - respiro y se acerco hacía mí - espero que no te enfades, pero llevaba colada por él meses. Entonces hoy me ha pedido una cita.
- ¿Quién? - dije confusa
Adrián, ¿Quien si no? - dijo ella con una sonrisa, al pronunciar su nombre.
Me quede boquiabierta ante la noticia. Al ver que no decía nada, Sofia se giro.
- Lo ves Berta, se ha enfadado, además a lo mejor Adrián se lo quería decir.
Me levanté y abrace por la espalda a Sofia.
- ¿Qué está haciendo? - decía Berta
- ¿Os lo cuento? - dije indecisa
- Si, si, si, si y si - insistió Berta
- Si -dijo Mireia ansiosa de más cotilleo
- En mi sueño, ocurre eso.
- ¿el qué? - dijo Lidia
- Pues esto, mi hermano y Sofia salieron en mi sueño.
Todas acabaron diciendo " wow". Yo sonreí. Me llenó de esperanza. Aunque no estuviese saliendo exactamente como soñé, estaba ocurriendo.
- Me alegro un montón hacíais una pareja super adorable- dije riendo
Sofia se reía confundida.
- Bueno chicas, estoy muy cansada- dijo Lidia con los ojos que se le cerraban.
- Entonces, ¿ Vais a dormir tres chicas en el colchón inchable y una en el baúl?
- Tía no digas lo del baúl que suena mal. - dijo Berta
- Me pido el baúl- dijo muy rápido Sofia.
Berta indignada se tumbo en el colchón inflable.
- Buenas noches- dije sonriendo. Como las quería. Intente  no pensar mucho en Miguel, pero era inevitable  Intentaba animarme, "si Sofia y Adrián han podido volver juntos, yo también puedo". Me quedé dormida y mis pensamientos se desvanecieron.


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Escuché un pitido, enseguida lo identifiqué con el despertador, abrí los ojos y moví la mano rápidamente en la oscuridad.
-Mmm- Berta hacía ruidos quejándose
Bebí un poco de agua, me froté los ojos para poder ver algo entre tantas legañas y encendí la condenada luz.
Lidia se había sentado en el colchón inchable que estaba al raso del suelo. La verdad es que ese colchón es horrible, siempre acaba deshinchado y acabas con la espalda rota. Las demás no se movían.

Me levanté e intenté llegar al armario para vestirme. Cogí una camiseta negra sencilla y mis únicos vaqueros que siempre llevo puestos. Me cambié en un segundo y fui al baño antes que mi hermano. Me lave la cara perezosamente y eso me despertó un poco. Me peine mi enredado y salvaje cabello rizado. Así que seguí mi camino hasta la cocina. Puse el mantel en la mesa del comedor. Saqué seis boles y tres bolsas de cereales. Las puse sobre el mantel y volví al cuarto haber que tal estaban. Lidia ya estaba vestida, Sofia estaba sentada inmóvil, Mireia estaba en ropa interior y Berta seguía sobre la cama. 

- Venga chicas, ya está el desayuno. Queda media hora para que empiece el instituto y tardamos cuarto de hora en llegar.- dije preocupada mientras me ponía unas botas estilo country negras con las que tanto me identifico.-¡Berta levántate del colchón de una vez!
- ¡Joder!- farfulló mientras se movía lentamente para levantarse.
Me fui al comedor, me senté en una silla transparente de plástico pero elegante.


Exactamente esta
Mi hermano ya estaba allí, llevaba una camiseta gris, un poco arrugada. Se estaba sirviendo mis cereales favoritos, chocapics.
- Hola hermanita ¿Qué tal la mañana?
- Sabes bien que por la mañana no soy una persona muy charlatana, pero supongo que bien. ¿Y tu?- preguntaba mientras me servía chocapics en el bol, al que añadí leche.
- Bien. Me parece que tus amigas no desayunan.
- Si, supongo que no.- dije mientras entraba Lidia y Mireia al comedor.
- Hola dormilonas- susurré con una sonrisa - si corréis puede que os de tiempo a desayunar.
Me levanté y me fui al baño a lavarme los dientes. Quedan tres minutos para irnos. Cogí
dos magdalenas para Sofia y otras dos para Berta para que desayunaran. 
- Berta, Sofia nos vamos- dije mientras me acercaba a mi cuarto. Pude ver a Berta peinándose y Sofia tirada en la cama vestida.

Tres minutos tarde, pero conseguimos salir de casa.Nos subimos todos al ascensor un poco apretados. 
- Mireia, ¿era para hoy lo de llevar una foto a tecnología? - pregunté curiosa
- No, es para el martes.
- Menos mal
Pude oír a Berta reír.
- No puede ser, Sofia se lo has contado- dijo Adrian
- En realidad ella ya lo sabía- dijo tímida
Por fin llegamos al cero. Vivir en el decimotercer piso tiene sus desventajas. Avanzamos por el portal hasta llegar a la gran puerta de cristal. Llegamos al colegio en tiempo récord y pudimos ir al baño, ya que ha Berta no le dio tiempo ha hacer sus necesidades en casa.
- Bueno, tías, nosotras nos vamos que a primera hora tenemos al profesor chiflado.
- Vale
Sofía y Berta se fueron a su clase. Lidia, Mireia y yo entramos en la nuestra. No había mucha gente solo cuatro personas, aunque solo queden tres minutos para que suene el timbre. Suelen llegar a las ocho y cinco, y el profesor no les pone falta. 

Nosotras saludamos a los de clase y nos sentamos en una esquina de la clase, siempre nos sentamos allí.
- ¿Qué tenemos ahora?- preguntó, como siempre, Mireia
- Puff, filosofía - contestó Lidia
- ¡Dios! Que tortura, ¿a quién se le ocurre ponerla a primera hora? - añade Mireia
- Prefieres mates, física o biología - dije
- Creo que no.
Nos reímos.
- Tías, ¿la visteis el otro día? Que pintas llevaba- dije
- Si, viste fatal, creo que coge una prenda de cada color adrede- continuó Mireia
- A ver como va hoy- se anticipó Lidia

Entró la profesora de filosofía corriendo, lo cierto es que llegaba seis minutos tarde. Mejor para nosotros, aunque 49 minutos con ella seguirán siendo muchos. Me levanté de la repisa de la ventana y aceleré a mi sitio. Me resultaba horrible, estaba con una chica muy borde que no paraba de mirarme con odio, y otra chica que se reía como si su vida dependiera de ellos, al lado mio un chico muy malote, se cree lo más de lo más y por eso no hace nada. Solo dibuja gente en una libreta y de vez en cuando habla con las chicas de atrás. Me han debido de poner con la gente más estúpida de la clase y menos agradable de estar.

Los 49 minutos fueron pasando. Fui mirando a las diferentes personas de la clase y reconocía a Miguel. Se me había olvidado que iba a mi clase. Me fije que al mirarle, él me estaba observando. Cuando se dio cuenta de que yo le miraba, aparto su mirada. Que raro.

Acabo la clase. Por fin. Me había parecido que habían pasado 2 horas en vez de una. Guardé los apuntes del ser humano, mi agenda y mi estuche, y me levanté para volverme a sentarme en la repisa. Entonces Miguel se cruzó en mi camino y sentía que me derretía. Era tan guapo, me dolía que no supiese cuanto le quiero, cuanto habíamos compartido. 
- Ana ¿Estás bien? ¿Qué te pasó ayer? - me dijo Miguel
Desperté de mis fantasías.
- Nada, es que... no había comido en todo el día y me encontraba fatal.
- Claro - se río. Esa risa, esa sonrisa - pues come que no puedes ponerte mala después de lo que has pasado. 
Sonreí como respuesta
- ¡Oye! ¿Vas a venir a la fiesta?
- ¿Que fiesta? - sabía perfectamente de que me hablaba, pero quería perder el tiempo, con él.
- Pues la que he preparado, es esta noche, empieza a las 6:00
- Ah - puse cara de sorpresa- claro, vale, me apunto. Por cierto ¿Qué fiesta que se precie empieza tan pronto?
Él se ríe. Le he hecho reír.
- Pues es que entre que la gente llega siempre tarde y mis padres vendrán mañana temprano, quiero tener tiempo para recoger.
- Ah, vale. - me reí - si quieres te ayudo. 
Dios, como he podido decir eso, no debía haberlo hecho, ¿Qué va a pensar de mi?
- No hace falta - dijo
- Bueno, si necesitas ayuda, dímelo - dije arrepintiéndome de cada palabra que había dicho. ¡Como he dicho eso! El sonrió y yo fui con mis amigas.
Uh, Ana de que hablabas con tu novio- dijo Lidia
- De cosas, y no es mi novio
Nos reímos.Las siguiente clase de lengua paso bastante rápido, aunque aún seguía absorta por la conversación que había tenido con Miguel. Fantaseaba y soñaba.

                          

- Tía que aburrimiento- dijo Mireia

Por fin sonó el timbre. Guarde mi libro y cuaderno de lengua en la cajonera y metí mi agenda y estuche en la mochila. Me levanté y fui al pupitre de Mireia.
- Si, bastante aburrido- mentí
Lidia se acercó a nosotras y dijo:
- ¿Nos vamos?
Nos levantamos Mireia y yo, y fuimos juntas a la clase de Berta y Sofia. Estaba en el piso de abajo, era la única clase de cuarto de la ESO que se encontraba en ese piso. Bajaron las escaleras con una decena de estudiantes más. Al llegar al primer piso, giraron a la izquierda por una puerta roja y andamos recto. 4ºA, aquí esta. Entramos no había mucha gente, allí estaban nuestras amigas. Nos acercamos a ellas, pasando entre cinco filas de pupitres.
- Bueno chicas, en este recreo tenemos que pensar en que nos vamos a poner.- dijo Berta
Nos reímos.
- Yo me pondré mi único vestido y mis únicos tacones- dijo Mireia
- No, mejor te dejo yo uno mío y tus tacones negros los acepto- dijo Berta
- Esta bien, gracias.
- Yo tengo un vestido morado y otro negro. No tengo ningún tacón.- dije
- A mi me encanta tu vestido negro- dijo Lidia
- A mi el morado- dijo Mireia
- Creo que te queda mejor el negro pero no enseñas nada- dijo Berta
- Vale entonces el negro, no soy una chica atrevida a la hora de enseñar Berta
La gente pasaba por la ventana de la clase, pude ver a Miguel. Estaba con Jaime. Me entro un escalofrío. Un minuto, ¿seguirá con la chica que vi antes de desmayarme? No, solo habrá sido un lío.
La conversación de la ropa acabó, al final todas tenemos que ir sí o sí a la casa de Berta a por algo, vestido, tacones, maquillaje. 
- Chicas, Ana ha hablado con Miguel
- ¿Qué?- dijo Sofia
- No ha sido nada, bueno ha sido genial. Estaba allí dirigiéndome a Lidia y Mireia y de repente me empieza a hablar. Me preguntó que si estaba bien, que si iba a ir a su fiesta, y...- deje la frase a medias
- ¿Y?- insistió Berta
- Y le dije que podía ayudarle a recoger si necesitaba ayuda- dije avergonzada
Ellas se rieron. 
- No tiene gracia, es muy bonito Ana- dijo Mireia

- Gracias Mireia- dije
Sonó el timbre.
- Tías en el segundo recreo me quedo a hacer deberes, vosotras salid a dar un paseo, a ver si piensan que somo unas frikis- dijo Berta
- Berta, ¿desde cuando quedarse en clase es malo?- pregunté
- Tenemos que enseñarles que estamos vivas, que nos gusta relacionarnos.
Subimos a clase, ahora nos tocaba el profesor chiflado, que pocas ganas. La clase fue como cualquier clase normal, sacó a tres alumnos fuera de clase y repitió diez veces que teníamos que estar en silencio. Me aburrí como nunca, lo bueno fue que el chico de al lado mío me hizo un dibujo muy raro. Me entretuve con el un buen rato, tome apuntes y mire unas nueve veces a Miguel. El me devolvió la mirada cinco veces, más de la mitad. Estoy completamente enamorada. Sonó el timbre y en un abrir y cerrar de ojos el profesor desapareció. Solo pude pensar en... Educación Física.
Cogí mi ropa de cambio y mis amigas y yo nos fuimos al gimnasio, el piso más bajo. Mientras andábamos comentábamos cosas:
- Mireia tenías que haber visto a Ana mirando a Miguel, y él a ella.- dijo Lidia
Yo intentaba decirla que se callara o que hablase más bajo, y si alguien se enteraba.
-Tía, shhh- dije
Nos volvimos a reír. 
- Oye - interrumpí esa conversación tan incómoda- sabéis que hoy empezamos el maldito trabajo de acrosport.
- Dios, ¡no! Siempre igual- se quejó Mireia
- Haber con quien nos toca - dijo Lidia
- Seguro que lo elegimos nosotras- dije
- Ya, pero todos los chicos fuertes se los llevara el grupo de las arpías - dijo Lidia mientras llegábamos al gimnasio las primeras.
Entramos al vestuario y nos cambiamos. No es que un chándal y una sudadera ancha sea el mejor conjunto pero por lo menos quedaba bien. Salimos del vestuario y nos sentamos en los bancos esperando a que el profesor se acercara a explicarnos que teníamos que hacer. Fue sentándose a nuestro al rededor el resto de la clase. Hablaban de fútbol, de noticias o de bobadas. Mireia nos cuenta noticias de famosos, algo muy interesante. No sabía que Taylor Swift y Harry Styles habían roto. Me gustaba esa pareja, los dos tan dulces. El profesor, ancho y bajito con poco pelo en la cabeza, un audífono en la oreja izquierda y un chándal a conjunto, nos explico las reglas, normas y los objetivos del trabajo. Teníamos que ir en grupos de cinco o seis y que fuese mixto. Nos dejo cinco minutos para buscar nuestro grupo.

- Tías, ¿con quien vamos?- dije sin mucho interés
- Ufff, apostaría por el grupo de frikis - dijo Lidia
Se acerco a mí, el que no creería que volviese a hablar en todo el día, Miguel. Se me aceleró el corazón, sentía que me quedaba sin aire, solté un suspiro. Una sonrisa adorno mi seria cara. 
- Ana, ya que solo sois tres y nosotros somos cuatro, podemos ir juntos, si quieres. Digo si queréis. 
Yo sonreí. Sentía que me volvía a desmayar, pero de alegría, de calor de deseos.



- Claro que queremos- dijo Lidia
Me levante lentamente. Nunca antes nos habíamos relacionado con los tíos más guays del instituto, bueno nunca en la realidad. Me encantaría gritarle "Te quiero" pero sería muy raro, mejor para otro momento. 

Nuestro grupo eran; Lidia, Sofia, Miguel, Jaime, Gonzalo y Nacho. Nacho no. Nacho no. Nacho no. Porque tiene que mezclarse todo. Bueno ya no me atrae en absoluto, y yo tampoco a él, eso creo. Gonzalo era el que me ha hecho el dibujo hace unas horas.

Teníamos que elegir figuras y la música. 
- ¿Qué canción escogemos?- dijo Jaime
- No se- dijo Miguel
- Mmm, ¿Qué tal esta?- dije mientras sacaba el móvil para poner esta canción:

       

- A mi me gusta- dijo Lidia
- A mi también- añadió Mireia
- Me gusta- dijo Gonzalo
Miguel sonrío
- Va, entonces esta canción- dijo Miguel
Así acaba el cuarto capítulo de la segunda temporada de Despierta.

domingo, 13 de enero de 2013

2 temp. 3 capítulo

No me lo podía creer. Estaba pasando. La primera cosa relacionada con mi sueño. Estaba muy nerviosa, me estaba mordiendo las uñas, pero a la vez estaba emocionada. ¿Sería la primera vez que me fuese a besar Miguel? Espero que sí. Echo de menos sus besos. Berta interrumpió mis pensamientos.
- Bueno chicas, sabéis lo que eso significa. ¡Ir de compras!- chilló Berta
- Berta creo que con todo lo que nos compramos, por no decir que obligadas por ti. Podríamos construir una escalera de ropa que llegase a la Luna.-dije
Se reía falsamente. 
- Que graciosa - murmuro Berta
- No, en serio Berta claro que quiero ir. 
- Bueno, no es por molestar pero estábamos viendo la peli.-dice Mireia
Nos reímos. Nos acomodamos en los sofás y nos arropamos con mantas y le dimos al play.
La película me encanta, me gusta el misterio y esa manera de irnos contando detalles y ponernos nerviosos en cada momento. Al acabar la película mis párpados se cerraban cada vez con más frecuencia y las lentillas (si tengo miopía) me empezaban a molestar. 
- Chicas vamos a dormirnos, que ya es tarde. 
- Oye, no tenemos pijama y mañana tengo que llevar esta ropa. ¿Cómo lo hacemos?- dijo Lidia
- Podemos dormir en ropa interior- soltó Berta riéndose. Solo lo hizo para poner incómodo a Adrian.
- No, venga os buscaré pijamas.
Llegué a mi cuarto y todas las chicas me acompañaban. Abrí mi armario y empecé a sacar pijamas de verano. Solo tenía dos. Berta cogió uno y Mireia el otro. Entonces le dí un chandal corto a Lidia y una camiseta que nunca uso. Pero no tenía nada más para Sofia.
- ¿Te importa llevar ropa de mi hermano?- le pregunte a Sofia
- Ehhh, no.
- Vale, pues pídeselo y, ¿Podríais Berta y Mireia coger el colchón inflable del salón? Yo voy a despejar esto. ¿Lidia me ayudas con la mesa?
Berta y Mireia se fueron al salón.
- Berta puedes dejar el móvil que esto pesa lo suyo- dijo Mireia
- No estoy con el móvil-susurró- quiero ver lo que hacen Sofia y Adrian  No has visto lo nerviosa que estaba, aquí va a pasar algo.
- Bueno Berta, déjales en paz y ayúdame con el colchón.
Berta cogió el colchón y se alejaron del salón.
Sofia estaba a punto de entrar en el cuarto de Adrian.
Sentía ligera vergüenza en el cuerpo que me recorría los brazos y llegaba hasta mi tripa. ¿Eso serían las mariposas? Pues son bastante agradables. Respire hondo y llamé a las puerta corredera que me separaba del chico del que estaba enamorada. Lo cierto, es que estar enamorada me parece un poco exagerado, pero leí un tweet que decía que si estaba colado por un chico más de cuatro meses estaba enamorada. Tal vez sea verdad. Escuche una voz de dentro diciendo:
- Entra
Abrí la puerta y me encontré a Adrian encima de su cama con su móvil. Adrian solo llevaba unos vaqueros y podía ver claramente sus musculosos brazos y lo, vulgarmente dicho, "tableta de chocolate". Me estaba derritiendo.
- Ah, creí que eras Ana. 
Sonreí inocentemente.
- Ana, me ha dicho que como  ella no tiene más ropa que dejar, si tu tenías algo para mí.  
Sonrió. 
Uf. Te puedo dejar una camiseta que a ti te quedara bastante grande y la usas de camisón. 
- Vale- volví a sonreír.
Adrian sacó una de su armario blanco y me tiro una camiseta naranja. Me la tiro a la cara.
- ¿Así tratas a las chicas?
- No, solo a las que me interesan.
Me puse roja. No entendí esa frase, pero quería entender que le gusto.
Para tapar mi cara roja, me puse la camiseta. Me quedaba bastante larga como el dijo. Así que me quite los pantalones.
- Gracias por la camiseta-dije, sonriendo.
- No hay de que
Salí de su cuarto dispuesta a volver al cuarto de Ana, (Si sales del cuarto de Adrian te encuentras en el salón, en la cocina y en el comedor, no hay paredes que separen las distintas salas.) pero se abrió la puerta de la casa y aparecieron los padres Ana. Me quedé sorprendida, seguro que nos dejan quedarnos a dormir. Lo malo es las bebidas alcohólicas que habíamos traído estaban encima de la mesa del salón. Y mi ropa no era la mejor para ser vista por los padres de Ana. Los padres no podían llegar hasta donde yo estoy y solo nos separaba un pasillo pequeño. Así que ande deprisa hacía ellos. 
-¿Sofía?- dijo extrañada Elena, la madre de Ana
- Hola- dije intentando aparentar normalidad
- ¿Dónde está Ana? - dijo, yendo al grano
- En su cuarto.
Se alejaron los padres de Ana.
Yo corrí y cogí las botellas las metí en la bolsa que uso Berta para traerlas. Oía pasos hacía aquí. Corrí nerviosa hacía el cuarto de Adrian. Abrí la puerta bruscamente y sin llamar. Él por un momento se asusto y observe que estaba en calzoncillos, se estaba cambiando. Dijo:
- Creo que la próxima vez que entres a mi cuarto estaré desnudo- me reí.
Adrian, lo siento, pero es que han venido tus padres y he recogido las botellas de vodka.
Me puse a mirar su cuerpo, me estaba costando respirar. Tenía tantas ganas de poder tocar su brazos, su espalda y que sus labios se posaran sobre los míos.
- ¿Qué hacen aquí mis padres? 
- Habrán vuelto antes del viaje
- Ah. 
- Oye, Adrian, volviendo a la conversación de antes. ¿Qué significaba eso de que te interesó? No entiendo.- dije bajando la voz
Sonrío picaramente.
- Con que le has estado dando vueltas. Pues, significa que me caes bien.
Eso es todo. Creo que quería llorar, debe ser por  la menstruación. 
- Ah, vale, bueno yo ya me voy.- me separé de él y abrí la puerta de su cuarto
- Espera, - se acercó a la puerta- quieres quedar conmigo. El sábado, a las 8:00 en la puerta del Burguer King.
- Ya creía que no me lo pedirías- dije
- Es que viendo tu carita de pena -dijo él riendo.
-Ah, ¡capullo!- dije enfadada. Salí de su cuarto.
Él vino detrás mío.
- Espera, Sofía.- me cogió del brazo  Yo intentaba soltarme. Me tiró del brazo y me hizo girarme. Vi sus ojos, sus castaños y brillantes ojos, sabía que solo me había dicho eso para no quedar como un chico dulce. 
Acercó su cara a la mía. Y yo me separé.
- No soy una chica fácil.- dije. No podía creer lo que acababa de decir. Continué andando pero al girar por el pasillo pude ver su cara por última vez esa noche, estaba sonriendo.
Me sorprendí y sonríe como nunca antes lo había hecho. Era una sonrisa tonta con una risa intercalada. 
Y se fue dando zancadas hasta el cuarto de Ana. Así acaba el tercer capítulo de la segunda temporada de Despierta.