domingo, 28 de abril de 2013

2 temp. capítulo 6

- Tías, ¿Os gusta este vestido?- dijo Mireia dudosa.
- Mmm, no mejor vamos a buscarte algo en el Stradivarius
- Vale Berta, gracias por ayudarme
- De nada
Mientras Mireia se lo probaba, yo salí del vestuario con un vestido en el brazo. 
- Lidia, déjanos verte
- Ya voy, ya voy.
Lidia salió con un vestido blanco ceñido y con unos cortes en la cintura. Le quedaba genial, estaba guapísima.

- Te lo quedas- dijo Berta
Me reí.
- Vale, Sofia es tu turno- gritó Berta
- Es que no me convence
- Sal de ahí, ¿No querías conquistar a tu pichoncito?
- Si, pero...
Sofia salió y nos dejó embobada. Nunca la había visto tan arreglada en mi vida y estaba preciosa. No es que el vestido fuese algo increíble, es como la quedaba. Parecía hecho a su medida.


- Creo que no tengo que decir nada al respecto, ¿Verdad chicas?
- No.
Y cuando se cambiaron y pagaron, nos fuimos al Stradivarius. Empezamos a buscar, me encantaba ver a Berta, parecía un perro oliendo a su presa, acercándose poco a poco hasta encontrarla. El vestido que había escogido para mi, me encantaba era precioso de un color azul oscuro intenso. Tal vez iba a enseñar mucho, creo que Berta lo había hecho adrede. Cuando me desnude y me lo coloqué con cuidado, me gusto mucho. Me sentía sexy y sonreí como una chica tonta. Lo que no me convencía del vestido era la cremallera que estaba en el escote, la intente bajar para comprobar si funcionaba y bajó hasta el final.
- Chicas, ¿no veis un poco arriesgado esto de llevar una cremallera de fácil acceso a mi intimidad?

Se rieron de mi. 
- Me da igual, te queda tan bien que no comprártelo sería un delito.
Eso es lo que en realidad buscaba oír. Sonreí de nuevo. Solo quedaba una chica y esa era Mireia. Salió con su vestido puesto, le quedaba bien pero ya tenía un vestido negro y no le convencía comprarse otro.
- Berta creo que no me lo voy a comprar
- Lo entiendo, además creo que el que tienes te queda mejor que este.
Pagamos y salimos a la calle, estaba vacía. A estas horas la gente no va de compras. 
- Misión imposible: llegar a mi casa, vestirnos, maquillarnos y llegar en 30 minutos a la casa de Miguel.
- Es imposible - dije
- Tu casa está a quince minutos de aquí y yo necesito coger mis tacones- dijo Mireia
- Y yo los míos- añadió Lidia
- Vale, podemos ir corriendo a nuestras casas, coger lo que necesitemos y correr a tu casa- dije
A todas les pareció bien. La poca gente que había en la calle se nos quedó mirando por el hecho de que estábamos corriendo como locas. Yo no tardaría más de cinco minutos en llegar a casa y si cojo mi bicicleta llegaré a casa de Berta en 10 minutos. El problema es que nuestro pueblo, bueno no es un pueblo pero es más pequeño que una ciudad. Es como un pueblo americano en el que las casas son todo chalets y se tarda en llegar a las casas lejanas. 

Nos separamos. Cogí mis tacones, me cogí un bolso, guardé en una bolsa mi vestido y me cambié a una ropa más ligera para guardarla más tarde en la bolsa. Llegué a casa de Berta antes de lo previsto. Su casa es mi casa ideal, me encantaría poder tener la suerte de vivir en un lugar así, es enorme, lujosa y a la vez amenazante y escalofriante. Aparqué mi bicicleta y llamé a la puerta. La puerta se abrió y apareció Berta con un pintalabios en la mano y en ropa interior. 
- ¿Berta?
- ¿Qué? No hay nadie en casa
- Vale, vale...
Se giró y fue moviéndose por el pasillo lleno de fotos familiares hasta su cuarto en el segundo piso. 
- ¿Sabes? La semana que viene empiezan a hacer unas obras raras y va a haber obreros por todas partes. 
- ¿Para que son las obras?
- No estoy segura pero van a poner andamios que rodearan la casa.
- Vaya
Llegamos a su cuarto. Berta tiene talento para decorar, las paredes de su cuarto pegan con los muebles por pequeños detalles, todos ellos tienen algo morado. Además tiene unos cojines sobre su cama típicos de una revista de diseño. Lo que más me gusta es que adorna las paredes con fotografías artísticas. También acumula posters en su corcho. Yo cada vez que entro me quedo embobada mirando que bonito es su cuarto. 

Se puso su vestido que la hace destacar, como siempre, entre nosotras. La eché unos piropos por su vestido. Era de un color salmón que favorecía a su tez pálida. 



Me sentó sobre su cama y me maquilló. Me quedaba muy bien, los tonos grises con mis ojos azules. Entonces empezaron a venir las chicas poco a poco y las maquilló. Nos pusimos todas nuestros preciosos vestidos y nos ayudamos unas a otras con las cremalleras. Mireia se estaba poniendo sus tacones negros cuando la di un consejo sobre su look, al que Berta le pareció un acierto. Me sentí orgullosa. Me reí como una tonta. Solo la había dicho que en vez de ponerse sus tacones negros, usase unos azules brillantes de Berta que harían destacar su vestido. Eran las 6:08 cuando estuvimos preparadas para ir a casa de Miguel.

Fuimos andando, así que tardamos media hora. 
- Ya estamos
Lidia se sabía bien su calle, por el hecho de que era su vecino.
- Que emoción
Estaba nerviosa y emocionada. Me temblaban las piernas y mi corazón iba más deprisa de lo normal. Cruzamos su jardín  Recuerdo que allí fue donde Miguel me vio llorar por primera vez. Al llegar a la puerta de su casa, la puerta ya estaba abierta. Sofia la empujo y pasamos. Me la conocía como la palma de mi mano. La cocina a la derecha, junto al comedor. A la izquierda el baño y el salón. Arriba hay dos baños más y tres cuartos. Uno para los invitados. Arriba del todo está la azotea, a la que solo subí cuando Miguel me enseñó su casa.

Había un montón de gente. Demasiada gente, eso a ver como va ha acabar. El pasillo estaba oscuro y lleno de gente. No se si vamos a poder llegar al salón. Berta quedó quieta y se giró para decirme algo. Se acercó a mi oído y me susurró.
- Ni se te ocurra beber nada. Si tienes sed te tiras a la piscina y bebe agua con cloro, que seguro que te sienta mejor que el alcohol.
Hice una mueca y en ese momento cual pez asustado de un tiburón se alejó. Iba a seguirla pero unas manos me taparon los ojos.  La persona con esas manos en mis ojos puso su cuerpo cerca mío. Sentía calor y emoción. Sentí su aliento cerca de mi oreja, me estaba susurrando.
- Sorpresa
Miguel. Aparte sus manos de mis ojos y me giré bruscamente. Me sorprendió ver que me equivocaba, no era él, era Abel. Me decepcioné y a la vez me sorprendí. 
- ¡Abel!- sonreí
- Hola.
- ¿Qué haces aquí?
Se río
- Pues lo mismo que tú
Eso lo dudé pero bueno.
- ¿Vamos al salón? 
- Si

Allí todo estaba con mucha más luz, la gente estaba sentada o de pie. La música conseguía hacer vibrar mi cuerpo, esa sensación me agobiaba. Además hacía mucho calor y no tenía espacio entre tanta multitud. Estaba sonando música reggaeton, la odio. Creo que la música tiene que transmitir algo, tristeza, odio, felicidad, algún sentimiento a través de la voz y la melodía. Lo único que transmite el reggaeton es sexo y de una forma vulgar, horrenda y asquerosa, y para colmo no saben cantar. A la gente le gusta solo para bailar, a mi me hacen bailar las canciones que me gustan. Así que suelo pasar 2/3 de las fiestas sentada.

Abel se sentó a mi lado. Me empezó a susurrar cosas y entonces, me cogió de la mano. Abel y yo eramos amigos desde hace años pero no nos cogíamos de la mano. No entendía nada, cogerse la mano es algo más que amistoso. Me puse a pensar porque había hecho eso, levanté la cabeza y miré hacia la multitud. Solo pude ver a Miguel confundido. No me podía estar pasando esto. ¿Por qué demonios habría hecho eso Abel? 
Así acaba el sexto capítulo de la segunda temporada de Despierta.

jueves, 25 de abril de 2013

Cada día haz cosas que te asusten

Hola. Hoy solo quería deciros que cada día hay que aprovecharlo al máximo. Esto me lo ha recordado una amiga que esta enamorada de un tío, parece una típica película americana, porque él no lo sabe. Además cada vez que le ve no sabe que decir y hace estupideces. (si supiese que estoy escribiendo su historia, me mataría). Así que hoy por el chat me ha enviado esta foto:


Y es muy inspiradora, la dijo Eleanor Roosevelt. Creo que es más fácil dar consejos que ponerlos en práctica pero si podéis, intentadlo. Ser atrevidas y no tan tímidas como yo. Así que intenta hacer cosas que te asusten para vivir nuevas experiencias y sentirte mejor contigo misma. 

domingo, 7 de abril de 2013

2 temp. capítulo 5

El profesor nos dijo que la clase había acabado, que nos cambiáramos. Me cambié bastante rápido y esperé a Lidia y a Mireia. Salimos del vestuario. 
- Tía, tienes que hablar con él- susurró Lidia
- Se esta colando por ti- añadió Mireia
- Que decís...¿De verdad lo creéis?- dije sonriendo.
- Pues claro, ¿estás ciega?- dijo Mireia
- Venga, cuando abra la puerta métete entre los chicos y nosotras nos quedamos apuntando el grupo.- dijo Lidia
- Vale- dije insegura.

Se oyeron los ruidos de unas llaves y la gente empezó a alborotar. Me acerqué a la muchedumbre. Miguel me vio y se acercó a mi. 
- Bueno, ¿te gusta tu grupo?
Me reí. Que adorable, como no me va a gustar si estas tu.
- Ha sido inesperado y por eso me encanta
- Te gusta lo inesperado
- Si, las sorpresas. - dije sonriendo. Un poco raro hablar de mi.
Sonrió, esa sonrisa tan irresistible. Quería besarle y besarle, era tan difícil mantenerme alejada. Me sentía identificada con esta canción, empecé a tararearla:

          

Miguel no decía nada. Yo tarareaba, es lo que suelo hacer, es algo entretenido.
- ¿Que cantas?- me preguntó. Me sorprendí, no sabía que me oiría.
- Pues, seguro que no conoces el grupo, son dos chicas.- dije
- Necesito más información sobre ellas- dijo con sarcasmo
Me reí
- Vale, se llaman Tegan y Sara
- No, no las conozco
- Un punto para Ana
- Bueno, bueno, pues dos para mi que he creado nuestro fantástico grupo de educación física. Voy ganando.
- Uff, pues va a ser difícil de superarte - me reí
Nos quedamos en silencio de nuevo, ya solo quedaba un largo pasillo hasta nuestra clase. 
- Bueno tal vez si bailas mejor que yo esta noche, me puedas empatar- me soltó. ¿Ha querido decir algo que no logro a entender? Bueno, quería verme bailar, algo es algo.
- Seguro que te empato
- ¿Tanta confianza tienes en que bailo mal?
- Tanta confianza tengo en que bailo bien
- Pues reservarme un baile y lo comprobaré - me dijo sonriendo. Casi me desmayo, me había pedido un baile, un baile, tres minutos pegado a él. Tan cerca... mil deseos se me pasaban por la cabeza. De rozar sus labios, su piel y su pelo.
Sonreí con él. Nos miramos durante unos segundos intensos, quedaba unos pasos para llegar. Quería hablar con él, más, tenía tantas cosas que contarle aunque no podía contárselas. Tenía ganas de llorar, me mordí el labio para evitarlo, le echaba tanto de menos. Tanto. 
- Claro - contesté rápidamente mientras sonreía de forma pícara. Entramos en clase, él se alejó de mi y yo de él. Ya le echaba de menos. "¿Cómo le puedes echar ya de menos Ana?" ¡Este amor es demasiado intenso! "Piensa en otra cosa Ana, anda". Es que es tan guapo. Tan guapo, con esos ojos de un color marrón caramelo y esa piel tan clara y esos hoyuelos. 

Recreo otra vez. ¡Un momento! Berta nos dijo que saliéramos para airearnos, entonces podré ver a Miguel afuera. Una enorme sonrisa se dibujo en mi cara. 
- Uhh, creo que alguien ha estado hablando con Miguel- rió Lidia
- Shhh- intentaba callarla. Pude ver como dos chicos cerca nuestro se giraban al oír el comentario. 
- Anda, marchémonos que la gente es muy curiosa- dijo Lidia. La seguimos. Nos estaba dirigiendo a la clase de Berta.
- Lidia no te acuerdas que Berta nos dijo que nos fuésemos al patio que ella estaría haciendo deberes- comenté tímidamente
- ¿Desde cuando quieres salir al patio?- dijo Mireia extrañada mientras se colocaba bien la camiseta.
- Un momento,- Lidia estaba pensando. Se paso los dedos por su pelo. En seguida lo relacionó.- con que quieres ver a tu amorcito.- dijo entre risas.
Yo puse cara de indignada y cruce los brazos.
- Estas obsesionada- soltó Mireia
No sabía si tomarlo mal o bien. Me parece la pura verdad. Ellas no saben lo que estoy sintiendo, esta gran impotencia que tengo es horrible. 
- Es cierto, así que podéis hacerme el favor de callaros la boca y salir fuera conmigo.- dije con un poco de enfado
Lidia pegó una carcajada y me agarró del brazo. Miramos a Mireia y ella dijo:
- Está bien
- Gracias
- Nada ¿Para que están las amigas?
Cruzamos la gran puerta azul oscuro. Ese color lo relacioné con el de una revista que leí el otro día, es el nuevo color de moda. "Vale Ana, creo que estás nerviosa porque relacionar una puerta con el color de moda, no es normal". Me encantan estas conversaciones que tengo conmigo misma. Soy  como dos personas, lo raro es que las dos personas soy yo, así que me contradigo constantemente. Es entretenido. Bajamos unas escaleras del patio, hacía un poco de frío, por eso no me gusta salir fuera. "Mentirosa, no te gusta por que eres una vaga" dijo mi voz interior. "Gracias" la contesté. 

En el patio hay seis bancos, tres en un lado y tres al otro.



Todos estaban ocupados. En uno estaba el grupo de mi hermano, pude ver como buscaba a Sofia y al ver que no estaba apartó la vista de nosotras. Sonreí, que mono. Entonces miré al último banco de la derecha, estaba allí. Estaba sentado, llevaba una camiseta de manga corta gris, unos vaqueros y unas zapatillas Adidas. Me miró. Me encantaría parar el tiempo y quedarme allí, de pie, mirándonos. "Que romántica eres". Sonreí. Nos estábamos alejando, ya no podía verle. Lidia expulsó aire muy fuerte y me cogió del brazo y me empujó con ella. Me estaba llevando al grupo de Miguel y ahora que hago. Que vergüenza. Cuando me soltó el brazo pude ver quienes eran. Estaba Gonzalo, Nacho, Jaime y un chico nuevo. ¿Quien era? Lo que me desconcertaba es que me sonaba su cara. Esos ojos verdes. Me estaba rompiendo la cabeza intentando averiguar quien era.
- Hola, Miguel ¿donde está tu casa?- preguntó Lidia
- Lidia que inoportuna -dijo Gonzalo

Lidia le miró con cara de indiferencia. Se notaba la tensión después de una ruptura. Salieron en verano, solo dos semanas, nada serio. Lidia nunca hablaba de él, supongo que por eso había hecho ese sonido de enfado. No quería ver a Gonzalo pero me quería ayudar. Que maja.
- Mi casa está en la calle Amapola, al lado hay un chino.
- ¿El qué está delante del Zara?
- Si - sonrió.
- Genial, gracias.- Lidia no se movió. 
Se nos tenía que ocurrir algo que decir para no irnos. Echamos un paso hacia atrás. Me estaba mirando. Todo estaba pasando muy lento, los siete nos mirábamos las caras. Fue un momento bastante gracioso, intente no reírme.
- Ehhh... ¡Oye Ana aún no te sigo en twitter! ¿Cómo es?
Pegué otra carcajada y sonreí, de cierta manera me había invitado a quedarme con él. No podía ser más mono. "¡TE QUIERO!" decía mi estúpida mente.



Cuando hablo contigo sonrío como una idiota.
Me senté al lado suyo en el banco. Me miraba fijamente.
- Pues es @Ana...Mellark
- No - me dijo a punto de reírse
- Si - dije avergonzada
Entonces se río.
- Con que te gusta Peeta Mellark
- La pregunta es ¿Cómo es que a ti no te gusta?
- Porque no soy gay
- Yo por él me haría gay
Se volvió a reír. Yo sonreí. Me encanta hacer reír a la gente y sobre todo si es de él de quien hablamos. Y solo una cosa pudo arruinar ese momento, la maldita campana. Todos nos levantamos y llegamos a clase. Solo quedaban dos horas que pasaron muy lento, pero por fin la campana volvió a sonar. Guarde mis cosas, cogí la mochila, subí la silla a la mesa (para que a las mujeres de la limpieza no les costase tanto limpiar). Llegamos las cinco chicas a la escalera delante de la puerta del colegio. 
- Tías entonces, ¿a qué hora quedamos?
- Mmm
- A las 3:00 - dijo Mireia
- Pero si son las 2:00 - dije
- Si no, no nos va a dar tiempo a comprar y maquillarnos y todo eso...-me contestó Mireia
- Ana, ¿podemos ir a tu casa? es que las nuestras están bastante lejos para ir, volver, y comer.- dijo Berta
- Bueno, yo vuelvo a casa que vivo más cerca y así solo alimentas a 3 bocas- dijo Lidia.
- Mis padres nunca vienen a comer pero es que no tengo comida, ¿os vale comer sandwiches? - pregunté agobiada
- Claro, a mi me encantan los que haces, son deliciosos - dijo Berta
Todas aceptaron y vinieron a casa. No esperamos a mi hermano porque tiene un calentamiento raro de una hora y después otro de dos horas por la tarde. No se como no se muere en ese campo de fútbol. 

Llegamos a casa. No había nada, como siempre. Ellas seguían hablando pero yo no las escuchaba. Dejamos las cosas en mi cuarto y me metí en el baño. Hice todo lo que las damas hacen en el baño y me lave las manos para "cocinar". Saqué todos los ingredientes posibles; pan de molde, jamón york, jamón serrano, queso, queso de untar philadelphia, nocilla, ensalada que sobró de alguna comida y mayonesa. También saqué cuatro vasos, una botella de agua fría, fanta de naranja y coca cola. Saqué picos que se pueden untar en el queso. 
- Nos está sirviendo un banquete y nosotras sin ayudarla- se quejó Mireia
- Bueno, ahora que vamos a comer y nos vamos a relajar, Ana me tienes que contar que ha pasado hoy con tu pichurri- dijo Berta
Yo suspiré. Me senté en una silla y me preparé mi sandwich. 
- Pues... - y las conté mi bonita historia de hoy en el banco.
- Esta colado por ti, le has hecho colarse por ti en un día, un record- dijo Berta
- No, que te inventas...- la contesté
- Yo no me río tanto como cuentas que el se ríe con tus chistes- confesó Berta
Sonreí.
- Tías, creo que se quien dices- dijo Mireia
- ¿Qué?- no entendíamos nada
- Pues que creo que se quien es. Has dicho "quien es ese que está sentado en el banco". Yo creo que es uno que vive cerca mío es moreno con ojos verdes.
- Si, es ese- contesté
- Lo sabía- rió Mireia.
- Salía en mi sueño, te siguió a casa una vez Mireia.- dije. Las estaba ocultando cosas, sabía donde vivía. ¡Tengo que ayudarla! A lo mejor no están en la misma situación.
- ¿Y que pasó después?
- Nada.
Se desilusionó. ¿Le gusta?
- Oye, ¿cómo se llama?- pregunté
- Mmm... creo que se llama Alex



- Te pega ese chico, Mireia. Es misterioso y mono.- dije
- Oh, Alex y Mireia besándose debajo de un árbol. Mua mua mua. - decía Berta pero Mireia la calló. 
Comimos nuestros sandwiches viendo Castle y nos preparamos para ir de compras. Así acaba el quinto capítulo de la segunda temporada de Despierta.